viernes, 15 de julio de 2011


¡Oh ser humano, hete ahí, ahora, desnudo como un gusano, en presencia de mi espada de diamante! Abandona tu método, no es tiempo ya de hacerse el orgulloso: hacia ti dirijo mi plegaria, en actitud de prosternación. Hay alguien que observa los menores movimientos de tu vida culpable; estás envuelto en las redes sutiles de su perspicacia encarnizada. No te fíes de él cuando se vuelva de espalda, pues te mira; no te fíes de él cuando cierre los ojos, pues te sigue mirando. Es difícil suponer que, en cuanto a astucia y perversidad, tu terrible resolución pueda superar al hijo de mi imaginación.


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